Patricio Bosch Quidiello en su libro ¿Existen los Extraterrestres?, pregunta: ¿Qué razón hay para que CubaEl Caso ZARATETomado del libro en preparación
-un Ovni en Cuba-
Por: Carlos Rafael Sánchez Almenares
Ovnis por Siempre, del propio autor
Al caso Zárate el dominical Juventud Rebelde dedicó, en octubre de 1995, un amplio artículo, donde puede leerse:
«Su primer temor fue que le sucediera lo
mismo que a su primo Ricardo Zárate, quien aquella mañana
de hace
dos años (1993), a esa misma hora, cerca
del mismo lugar, salió a cortar un cabo de guataca, y no apareció
nunca. Más de un mes duraron las búsquedas,
hasta que se dio por cerrado ese caso aún inexplicable.
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Quizás por eso, y por la bola extraña
que venía bajando, para aterrizar a solo 60 metros de su asombro,
y por la lluvia
y por la soledad de aquel domingo se agachó
azorado dentro del maíz que estaba picando al borde de sus arrozales.
Se hubiera acercado más, de no haber sido
por el miedo a que me llevaran y me dejaran caer en el mar, o me perdieran,
como ahora piensa, pudo haberle sucedido a su
primo. El aparato se posó, y salió alguien, que parecía
un cristiano,
como con una careta antigás, vestido de
camuflaje. […] La nave también se veía camuflajeá,
del color de la yerba.
Llovía fuerte. El que se apeó dio
la vuelta al artefacto. Se recostó a una puerta y conversó
con el otro, que estaba en
la cabina. Me pareció que recogía
unas espigas de arroz o arrancaba una mata de malanga.
Después se trepó por una escalerilla,
y aquello soltó un chorro de candela azul. Lo único que sentí,
fue una presión
de aire tremenda, que tiró por los tubos
de escape.
[…] Era del tamaño de una máquina
de paseo. No sé si de madera o de hierro; o a lo mejor era de aire,
pero no tenía
alas, ni hélice, ni un ruido. Parecía
un huevo aplastado. Una jicotea que aterrizó sobre dos patas, como
si fueran
amortiguadores de aire. Pa´ mi idea, el
aparato tenía patines, porque dejó marcadas las rueditas.
Al cristiano no se
le podía ver la cara, pero era igual a
un hombre normal. No noté que tuviera armas».
Hasta aquí lo publicado por Juventud Rebelde.
La comisión de científicos, que
se presentó en el lugar de los hechos tras lo ocurrido, no llegó
a conclusión alguna.
Sin embargo, sí pudieron determinar por
exámenes psicológicos que el campesino Adolfo Zárate
Torriente goza de
perfecta salud mental, así como de buena
reputación en su pueblo natal.
El Dr. en Ciencias Físicas-Matemáticas
Oscar Alvarez Pomares, Jefe del Departamento de Astronomía del Instituto
de Geofísica y Astronomía de Cuba,
accedió a trasladarme su valoración personal sobre este connotado
caso:
«Zárate es un campesino muy respetable,
pero sus conocimientos son realmente limitados sobre estas cuestiones;
yo no puedo decir que era una nave, ni que no
lo era; allí no encontré nada anormal, si oí la explicación
que él dio,
sobre lo que vio y dónde.
Realmente cuando llegamos ya había pasado
cerca de una semana del suceso. Sencillamente queda creer o no
creer lo que dice una persona: no hay por qué
no creer lo que él dice, pero es simplemente el testimonio de una
sola
persona que manifiesta la ocurrencia de un suceso,
y téngase en cuenta que ocurrió en un lugar que estaba apenas
a 200 metros a campo descubierto de la mayor
autopista del país, y en pleno día.
Ese caso no lo pudimos resolver, porque sencillamente
no hubo nada que ver, ni registrar. Al cabo de 5 ó 6 días
del
suceso, no había ninguna huella que delatara
la presencia de algún objeto extraño. Puedo testimoniar con
fidelidad
que no había vestigios de hierba aplastada,
tierra hoyada ni plantas chamuscadas por el calor. El mismo Zárate,
cuando lo visitamos de nuevo un año después
para conocer si en él o en el lugar había ocurrido alguna
transformación,
nos refirió que gozaba de buena salud,
aparte de los achaques propios de su edad y de las molestias que le habían
causado la popularidad y algún que otro
comentario inapropiado
La ciencia, para afirmar algo, se basa en observaciones
registradas y comprobadas, repetibles sin cuestionamientos
ni dudas, no en especulaciones sin fundamento
y carentes de pruebas fehacientes. Dado que no encontramos nada
en las observaciones y análisis que hicimos,
nos limitamos a registrar el suceso como algo que estimuló la curiosidad».
Investigando este caso surgió la posibilidad
de entrevistar al especialista cubano en temas ufológicos Orestes
Girbau
Collado, con más de 34 años de
experiencia y Técnico en Meteorología de la Estación
Meteorológica de Matanzas,
quien expuso:
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«Ahí aterrizó algo y yo descarto
casi en un 100% que lo que aterrizó perteneciera a la Tierra -no
porque los radares no
lo hallan captado, sino que me baso en estudios
hechos por especialistas-. En primer lugar, ese día el cielo estaba
cubierto en 7 octavos -ya hablando como observador
meteorológico-: casi el cielo cubierto. Había un tiempo malo,
nubes medias, algunas nubes bajas, estaba, incluso,
lloviznando, lloviendo poco, pero estaba lloviendo. Esa nave es
de fuera del ámbito terrestre; ya si vino
de otra dimensión, vino de otro tiempo o vino de otro planeta no
lo sé.
Parece indicar que lo acaecido allí guarda
relación con la oleada que en aquel momento y meses antes se estaba
llevando a cabo en España, Chile, Perú,
Argentina, Colombia y otros países de latinoamérica. Ese
año hubo otro
aterrizaje y fueron vistos humanoides en España,
o sea que, ya para entonces, la oleada estaba en su pleno desarrollo.
Ahora bien, por qué pienso que no era
terrestre: si es un avión de otro país -un avión espía,
lo que sea-, pienso que
se cuidaría mucho de aterrizar, no en
el lugar ese -porque ese lugar está bastante apartado-, se cuidaría
mucho de
aterrizar con el tiempo como estaba. Cuando un
objeto aterriza deja un efecto térmico que es perceptible, o sea,
el satélite espía tiene que corroborar
si el aparato aterrizó y entonces verifica por el efecto térmico
que se está
cumpliendo la misión. Pero eso depende
del clima; y si el cielo está cubierto de nubes se dificulta -vale
recordar que
estamos jugando con la información que
poseo-. Eso es lo que me hace pensar que no se trata de un avión
espía.
Aquello dejó un segmento rectangular de
5 metros de largo por dos de ancho. Incluso, duró a pesar de la
lluvia».
-¿Y en cuanto a las espigas de arroz?
«Lo de las espigas vino más tarde,
porque aquello quedó aplastado; pero después algunos colegas
fueron por allá
y encontraron que en los alrededores crecieron
unas espiguitas pequeñas de arroz con la punta negra, o sea que
nacieron de casualidad y nacieron enfermas, en
los alrededores, porque en ese lugar no creció nada más.
Zárate, en aquel momento, no tenía
problemas en la vista: los tuvo después, pero no de falta de visión,
sino ese
lagrimeo que es característico de aquel
que contacta con un ovni, que sufre los efectos de su combustible o de
ondas de la misma dinámica para poderse
trasladar -combustión o un tipo de efecto físico-químico
que a veces
crean los ovnis-; lagrimeo, supuraciones, hinchazones
en los ojos, que hasta donde tengo conocimiento hace
poco todavía le perduraba.
Zárate es una persona muy poco dada a fantasear,
no conocía nada de ovnis, conocía de ovnis como yo podía
conocer de hebreo antiguo, que no conozco nada.
Yo pienso que fue consecuente, tuvo hasta temor de hablar
aquello. Pensando que podría tratarse
precisamente de una agresión o un espía es que da a conocer
aquello,
y lo conmocionó hasta el punto de tener
momentos de decir a quienes lo iban a ver que necesitaba tiempo para
recordar detalles; porque poco a poco fue recordando
detalles. Pienso que Zárate anduvo con suerte, porque si
no existe el famoso maizal cerquita del aterrizaje,
donde él se escondió, la historia hubiera sido otra, tal
vez y
vamos a especular un poquito, le hubiera ocurrido
lo mismo que a su primo Ricardo Zárate, que desapareció
dos años antes en el mismo lugar, a la
misma hora y en la misma fecha. Increíble pero rigurosamente cierto».
En el verano de 1999 se transmitió en el
programa En Vídeo, de la televisión cubana, el documental
Los ovnis
en Cuba, de los realizadores Hugo Parrado, Armando
Linares y el destacado Cineasta Octavio Cortázar.
Al preguntarle a este último su opinión
sobre el caso Zárate, expresó:
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En lo personal a él le dejó una
conjuntivitis que es clásica en la gente que ha tenido este tipo
de exposición a
la cercanía de la nave. Al cabo de años
no se había podido reponer, eso por un lado; segundo, mencionaría
el
problema relativo al crecimiento de las plantas
de la zona donde el ovni estuvo, que también es típico, o
sea la
tierra productiva se tornó improductiva
independientemente de los esfuerzos que ha hecho Zárate para hacerla
productiva con fertilizantes, etc. El campesino
no entendía como era posible que una tierra fértil donde
él estaba
cosechando arroz, de buenas a primeras dejara
de ser productiva. Eso es típico también».
Mientras la ciencia busca una explicación
al fenómeno ovni, otros, con el mismo rigor, investigan los casos
como éste para contribuir a aclarar esos
misterios. Cada duda es un nuevo punto de partida en la búsqueda
de seres inteligentes en nuestro Universo. Los
investigadores del fenómeno, unidos a la ciencia, y con la
experiencia acumulada al pasar de los años,
encontrarán la verdad. Confiemos en el hombre, pues en el
Universo hay millones de sistemas para buscar
y encontrar.