Amit Goswami:
profesor de física; autor de numerosos artículos sobre física
nuclear,
publicó en
1983 su libro The cosmic Dancers: Exploring the Physics of Science
Fiction.
Importante escritor
de ciencia-ficción que define esta temática de la siguiente
manera:
"La ciencia ficción
es el género de literatura que se ocupa de los cambios que se producen
en la ciencia y en
la sociedad. Le interesa criticar, ampliar, revisar y revolucionar todos
los
modelos científicos
estáticos. Su objetivo es suscitar una nueva visión más
adecuada y
verdadera de la naturaleza".
Lo mejor del género
está incitando constantemente a la ciencia a descubrir cada vez
más
el sentido de la
realidad. Su desafío parece ser "no adherir a nada estático".
"El paradigma o visión
actual del mundo es fruto del pasado y válido sólo para el
pasado;
se necesitan nuevas
vías para abordar el presente en constante desarrollo, por no hablar
del futuro".
Así, el autor
moderno de literatura de anticipación concibe un mundo futuro en
el cual los
viajes espaciales
son algo cotidiano, un universo donde se sabe que hay vida en otros
sistemas estelares,
culturas en las que la gente se comunica habitualmente por telepatía,
sin señales
sensoriales.
En la novela The
Dispossessed, de Ursula Le Guin, el protagonista, Sheveck,
es un
científico
que se esfuerza en mejorar la comunicación entre su planeta y los
planetas
vecinos. Así
inventa el "ansible", una máquina gracias a la cual es posible
una omunicación
instantánea
y sin señales, no sólo entre los planetas más cercanos
sino también con los
más remotos
de la galaxia.
En la novela Miracle
Visitors (Visitantes milagrosos), de Ian Watson, el protagonista,
John Deacon,
estudia la manera como los seres humanos perciben cada vez la llegada
de platillos volantes
y, al cabo de su investigación, descubre una respuesta inesperada
en la naturaleza
de la conciencia humana.
En la novela de Robert
Silberg, To Open the Sky (Para abrir el cielo) los dirigentes
de
una nueva religión
científica establecen rigurosamente las prioridades necesarias para
hacer frente a las
amenazas del presente y asegurar el porvenir. ¿Las prioridades?
Abrir el cielo y la
mente.
En su novela Rendez-Vous
with Rama (Cita en Rama) Arthur C. Clarke hace
una hermosa descripción
de una colonia espacial extraterrestre. La obra lleva implícito
un reto: el de saber
si los seres humanos serán capaces de realizar una empresa
semejante.
En The Black Cloud
(La nube negra) Fred Hoyle describe una vida extraterrestre
tan fantástica
que no sólo nos pone frente a una variedad potencial de existencia
en
otros planetas, sino
que además nos desafía a que examinemos por entero el problema
del origen y del
sentido de la vida.
En su novela Way
Station (Un alto en el camino) Clifford Simak presenta
el cuadro
de una humanidad
al borde de un holocausto originado por el "terror" que el hombre lleva
en sí. Pero
tal hecatombe es evitada gracias a la transformación del hombre
con ayuda
de un talismán
y a una oportuna intervención del consejo galáctico. De donde
se desprende
que el talismán,
al igual que el terror, puede encontrarse en nosotros mismos y ser la clave
de la transformación
de la humanidad.
El físico Gerard
O’Neill, de princeton, propuso en cierta ocasión que los estudiantes
de
su curso de iniciación
a la física diseñaran una colonia espacial. Los primeros
resultados
de esta aventura
en la esfera de la ciencia ficción fueron tan buenos que el propio
profesor
comenzó a
efectuar cálculos más profundos. Gracias a él sabemos
hoy que disponemos de
los conocimientos
y de la materia prima necesarios para construir una colonia espacial.
El éxito alcanzado
por la antigua Unión Soviética y los Estados Unidos permiten
construir
hoy la más
grande colonia espacial.
Quiero ponerle un
ejemplo de cómo la ciencia ficción puede ayudar a la comprensión
de
una conferencia sobre
el fenómeno de la dilatación relativa del tiempo, el descubrimiento
extraordinario que
Einstein hizo de que un reloj inmóvil marcha más rápidamente
que un
reloj que se desplaza.
¿Puede la dilatación relativa del tiempo ser útil
al amor? Oh, sí.
Véase la siguiente
carta escrita escrita por un personaje de la novela de Joe Haldeman
The Forever War
(La
guerra eterna):
"William:
Todo esto estará
en tu expediente personal. Pero, conociéndote, sé que serías
capaz de
no reparar en ello.
Por eso he hecho lo necesario para que recibas esta nota. No cabe
duda de que he vivido.
Probablemente tú vivirás también. Ven a mi encuentro.
Sé por los
archivos que has
ido a Sade-138 y que sólo regresarás dentro de un par de
siglos.
No importa. Voy a
un planeta llamado Middle Finger, el quinto a partir de Mizar...
"Con todo mi dinero
y el de cinco viejos camaradas hemos comprado un crucero del UNEF,
que estamos utilizando
como máquina del tiempo.
"De modo que te espero
en una lanzadera de dilatación temporal relativa. Lo único
que
tiene que hacer es
alejarse cinco años-luz y volver a Middle Finger a gran velocidad.
Cada diez años
envejezco casi un mes. De manera que si aún estás vivo y
llegas a tiempo,
sólo tendré
veintiocho años cuando vengas ¡Date prisa! Nunca he tenido
a nadie y nadie
más me interesa.
No me importa que tengas noventa o treinta años: si no puedo ser
tu
amante seré
tu enfermera." (Marygay)
Como género
literario -dice Alexander Kasantsev- la ficción científica
o ciencia ficción
se rige por sus propias
leyes. Situada en la vanguardia de la investigación, reproduce los
progresos alcanzados
por la ciencia y a veces genera incluso ideas que ésta puede utilizar,
ya que no sólo
está destinada a divertir o distraer sino que además anuncia
el porvenir,
prevé nuevos
adelantos científicos y técnicos, los suscita y predice.
El eminente científico
soviético Iván Efremov, autor de muchas novelas de
famosas de
ciencia ficción,
cuenta en su relato "Una sombra del pasado" (1945) cómo al iluminar
de
determinada manera
ciertas rocas desnudas podía verse la imagen vívida, tridimensional,
de un gigantesco
dinosaurio de verdad.
El cuento de Efremov
causó sensación entre los lectores e intrigó particularmente
al joven
científico
Yuri Denisiuk, Miembro de la Academia de Ciencias de la antigua
URRS, quien
declaró que
aquel relato condujo a algunos descubrimientos en la esfera de la holografía.
En los años
cincuenta los geólogos soviéticos descubrieron en Yakutia,
Siberia oriental,
diamantes idénticos
a los que el mismo Efremov describe en su cuento "La chimenea de
diamantes" (1945)
en el cual, como científico, fundamenta la ubicación de los
yacimientos
diamantíferos
y, como artista, sugiere la manera de descubrirlos.
Innumerables son las
predicciones científicas y técnicas de Julio Verne.
Baste recordar su
célebre submarino
"Nautilus" y el hecho de que un centenar de sus previsiones "fantásticas"
se convirtieron posteriormente
en realidad.
Herbert George
Wells en "La guerra de los Mundos" y más tarde Alexei
Tolstoi en
El hiperboloide
del ingeniero Garina anticiparon la técnica de los rayos láser
que ahora
augura éxitos
científicos y técnicos inimaginables así como una
enorme capacidad de
destrucción.
El escritor soviético
Alexander
Beliaev previó en La cabeza del profesor Dowell (1925)
la posibilidad de
trasplantar órganos humanos. Algunos decenios después el
científico
Serguei S.
Briujonenko asombraba
al mundo con la experiencia audaz de injertar la
cabeza de un perro
en el cuerpo de otro.
Actualmente se efectúan
a diario trasplantes de órganos de un individuo a otro y el mundo
entero siguió
con extraordinario interés los innovadores trasplantes de corazón
realizados
por el profesor Christian
Barnard, operaciones que se han vuelto, si no rutinarias, por lo
menos frecuentes.
En su cuento "Ni
la vida ni la muerte" (1926) Belaiev había previsto el
fenómeno de la
anabiosis o reducción
al mínimo de las funciones fisiológicas; otro autor soviético,
Yuri
Dolgushin,
fue el primero en sugerir, en El generador de milagros (1939), la
posibilidad
de resucitar a los
que morían. Así, ambos escritores se anticiparon en
diez años a la
técnica de
la reanimación actualmente tan difundida.
Hugo Gernsback,
el padre de la ciencia ficción en los Estados Unidos, describió
minuciosamente en
sus novelas los receptores de televisión en una época en
que
nadie hablaba aun
de ellos. Escribió también sobre numerosas innovaciones técnicas
que luego se convirtieron
en realidad así como las guerras atómicas que hoy amenazan
a supervivencia misma
de la humanidad.
En una de sus obras
escritas poco después de la segunda guerra mundial, el conocido
autor inglés
de ciencia ficción
Arthur Clarke concebía la idea
de poner en órbita, a unos
30.000 kilómetros
de la Tierra, un satélite geoestacionario artificial que pudiera
servir para
las telecomunicaciones
y la retransmisión de programas de radio y televisión.
El cuento de Constantin
Tsiolkovski "Más allá de la Tierra", publicado
a comienzos
de siglo, contenía
tan gran número de ideas con fundamento científico que constituyó
una de las bases
teóricas de la cosmonáutica tanto en la Unión Soviética
como en los
Estados Unidos.
Pero el más
admirable autor de pronósticos científicos sigue siendo el
francés Cyrano de Bergerac. En Histoire comique des états
et empires du soleil, escrita hace más de 300
años, junto
a sátiras festivas y mordaces abundan las que sus contemporáneos
consideraban como
invenciones descabelladas de una mentalidad infantil. Cyrano de
Bergerac concibió
los cohetes astronáuticospara los viajes interplanetarios, previó
el
fenómeno de
la ingravidez y el uso del paracaídas y afirmó que el cuerpo
humano estaba
compuesto de células.
Más aún,
algunos decenios antes del invento del microscopio por Leeuwenhoek y más
de
200 años antes
de los descubrimientos de Pasteur y de Mechnikov, fundadores
de la
microbiología,
Cyrano
de Bergerac hablaba ya de la existencia de microbios en la sangre
y de la resistencia
que les oponen los anticuerpos. También diseñó lámparas
con formas
de globos luminosos
(¿bombillas eléctricas?) y concibió asombrosos libros
parlantes que se
fijaban a la oreja
y recitaban el texto a partir del capítulo que se escogiera mentalmente.
Cyrano de Bergerac
aseguraba
a sus lectores que todo aquello se lo había comunicado
el hijo del Sol (¿un
ser extraterrestre?) y no temía hacer tales afirmaciones en una
época
en que aún
estaba fresco en la memoria de la gente el recuerdo de la muerte de Giordano
Bruno, condenado
a la hoguera por la Inquisición a causa de sus ideas "heréticas"
sobre la
existencia de un
número infinito de mundos en el Universo.
Plantea Alexander
Kazantsev: "yo soy un científico vuelto hacia la literatura;
así,
me he dedicado a
la ciencia ficción pero sigo siendo físico e ingeniero. Algunas
de mis
ideas expuestas hace
varios decenios se están realizando ahora. Por ejemplo, la de
utilizar el efecto
de superconductibilidad para la acumulación de energía (La
isla en
llamas, 1939)
o la de un túnel submarino (El puente en el Artico, 1941)
que, aunque
no existe todavía
a través del Polo Norte, lo están construyendo ingenieros
japoneses
entre las isla de
Honshu y de Hokkaido. Y, como es sabido, existe también el proyecto
de un túnel
bajo el Canal de la Mancha" (ya se construyó).
En mi cuento "Explosión"
(1946) expongo la hipótesis de que la enorme devastación
producida en una
superficie de 2.000 km2 en la cuenca del río Tunguska, Siberia oriental,
en 1908, no se debió
a la caída de un meteorito sino que pudo producirse al estrellarse
allí accidentalmente
una nave extraterrestre. Tal hipótesis, apoyada por unos y rechazada
por otros, ha suscitado
interés no sólo por los autores de obras de anticipación
sino
también entre
algunos científicos.
Y finaliza Alexander
Kazantsev: "Ojalá la fantasía contribuya a estimularnos
a cada
uno de nosotros,
ya que el hombre es la única criatura dotada de imaginación
y capaz
de concebir lo que
no existe. Su pensamiento puede conquistar el tiempo y el espacio,
crear lo que jamás
hubo y hacer avanzar las fronteras de la ciencia. Porque no puede
haber ciencia sin
ficción".